La cultura del mijo




El Africa subsahariana pertenece a la cultura del mijo, desde el Atlántico al Indico. La población cultiva mayoritariamente este cereal que forma parte de su dieta básica, día a día, sobretodo en las zonas rurales. Su cultivo, secular, viene condicionado por serias dificultades ( la llegada de las primeras lluvias, la posterior pluviosidad, la calidad de las tierras, plagas y depredadores, las técnicas y útiles agrícolas, etc.) y por las limitaciones del periodo de trabajo.
El cavado, sembrado, eliminación de matojos, vigilancia y recolección, son las actividades principales de este tipo de cultivo. Las tareas se llevan a cabo colectivamente en familia, entre familias aliadas y a veces entre poblados enteros. El trabajo se hace a mano o con azada, y en él intervienen todo el mundo, niños y viejos también. La fase crucial es el cavado y sembrado que se hace con las primeras lluvias, y posteriormente la limpieza de matojos que si no se hace de continuo desfavorece el crecimiento de la planta y de su fruto. La mayor actividad en el proceso de una cosecha se corresponde a esta fase de limpieza. La proliferación y crecimiento de las malas hierbas y matojos vienen provocadas por las lluvias tropicales incesantes en esta época del año. Si todo va bien, llueve con regularidad y se mantienen a ralla a los depredadores del campo (insectos, aves, monos, agutíes, puercoespines, roedores menores, etc.), la cosecha puede dar para mantener a la familia un año más, aunque en un régimen de precaria subsistencia. La ratio alimenticia de una familia del campo al final de la temporada es de una ración de comida cada día o cada dos días.

Otro obstáculo para aumentar el rendimiento de los campos es la temporalización de los trabajos. Una familia con varias personas al cuidado de la labranza de los campos puede cultivar en varias semanas unas 3 o 4 hectáreas de cereal. Podría ser más si los campesinos no tuvieran que ocuparse de inmediato de la limpieza de las malas hierbas que tienen un crecimiento rápido y extensivo. El jefe de la familia que organiza los trabajos campestres debe hacer una buena previsión con las simientes. Si se planta más de lo que se puede cuidar se malgasta fuerza de trabajo y grano. Si se abarca más de la cuenta se paga caro, de ahí también el conservadurismo y cierto miedo a lo emprendedor del campesinado pobre africano.

Los campos burkinabé tienen calidades muy dispares. Hay suelos ricos y fértiles, zonas más o menos inundables, las menos están irrigadas (en un porcentaje inferior al 1%), pero lo más normal son los suelos de fertilidad medio-baja a menudo fatigados por el exceso de explotación. Otro aspecto crucial en la baja productividad del campo es la utilización de técnicas ancestrales poco útiles en los tiempos que corren. La familia esta desestructurandose poco a poco y con ello las fórmulas tradicionales de producción se transforman, se reducen los miembros familiares y con ello la capacidad de labranza, el dinero irrumpe como factor a veces desestabilizante, aparecen nuevas necesidades (sanidad, educación, bienestar, transporte, etc.) y en definitiva todo canbia mientras que las técnicas agrícolas de antaño perviven en muchas familias en una situación de clara desventaja respecto a esas mismas técnicas que se desarrollaban en otras épocas pasadas. Nuevos tiempos y nuevas necesidades , y la posibilidad de situaciones de cambio, requieren una nueva concepción del campo, real y sostenible. Nos parece que un cambio y una prosperidad es posible en este sentido sin tener que provocar transformaciones traumáticas, ni cambios que no sean deseados de verdad por los propios interesados. Creemos en el desarrollo endógeno. Nos parece que el campo africano y sus gentes a menudo están sobre estas pistas y són conscientes de estas necesidades de cambio. El Proyecto Vaca tan solo quiere acompañar el impulso interno aportando ideas y medios, y sobretodo pretende un diálogo entre iguales, sobre la base de la confianza y el respeto. Una contribución libre entre hombres que aspiran a su propia libertad, ya sea de conciencia, de cambio, de producción, como de escoger sus propios caminos.

El Proyecto Vaca trabaja sobre la idea que una vaca (o un par) y un arado, con la labranza animal, una familia puede cultivar extensiones mayores, gana tiempo en los desbroces, se optimizan los esfuerzos y aparece un excedente que puede permitir un cierto comercio. Además, depende el caso, el animal puede mejorar los medios y las posibilidades de transporte, produce estiércoles, puede favorecer un desarrollo agropecuario, y puede aportar en casos extremis un dinero importante en metálico a la familia en caso de imperosa necesidad.
Si las cosechas son cuantiosas la ratio alimenticia y por tanto la nutrición de los miembros de la familia puede mejorar. Este aumento generalizado de la producción, a nivel estatal, puede ayudar a estabilizar los precios del cereal en los mercados, con repercusiones muy positivas tanto en el campo cómo en la ciudad favoreciéndose la estabilidad interna y económica de base de estos países.

Algunas familias, las menos, disponen de vacas, bueyes y arados, aunque la mayoría se inscriben en la cultura de la azada. PV quiere propiciar dentro de los márgenes más que modestos de nuestra “organización en red” (de autoconcepción modesta y sin planteamientos de gran escala ni organización) un modelo de transformación endógeno (desde adentro), local, que pueda beneficiar a más gente y sobretodo favorecer un modelo de cooperación de base y directo que se pueda contagiar en otras personas tanto en Africa cómo en el primer mundo.

Yeddam, Bassiem, un cultivador de Wasá, que obtuvo la primera vaca del PV dice a propósito de los beneficios de una mayor producción:

“si consigo producir más cereal y venderlo dispongo de un dinero, difícil de obtener de otras maneras, que me permite curar a mi mujer en un dispensario si le muerde una serpiente o enviar un niño más a la escuela”.



“si consigo producir más cereal y venderlo dispongo de un dinero, difícil de obtener de otras maneras, que me permite curar a mi mujer en un dispensario si le muerde una serpiente o enviar un niño más a la escuela”.









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(Daniel y Patricia)